Ser leyenda del Valencia no es fácil, y menos cuando debes exponerte como le toca hacer a Voro cada cierto tiempo desde hace más de una década. En 2008 se tuvo que sentar en el banquillo cuando la Segunda División se veía demasiado cerca, aunque con una plantilla llena de futuros campeones de Europa ese mismo verano. Han venido más episodios, y cuando en 2017 parecía que no volvería a pasar por el trance, dentro de un año marciano a más no poder, le ha tocado hacerlo de nuevo.