Hacía mucho tiempo que no se vivía un ambiente de tanta resignación e impotencia en Mestalla. Impotencia en unos aficionados que están hartos de soportar la caótica gestión y los nefastos resultados del equipo, impotencia en unos jugadores incapaces de terminar jugadas claras o levantarse en la adversidad, e impotencia en un técnico absolutamente superado que no encuentra soluciones dentro de la crisis de juego de su equipo.