Si el Valencia no gana en Valladolid, Baraja dejará de ser su entrenador. Al menos es lo que se viene diciendo toda la semana, y aunque he hablado con él varias veces, en ningún momento hemos nombrado este tema para nada.
Si el Valencia no gana en Valladolid, Baraja dejará de ser su entrenador. Al menos es lo que se viene diciendo toda la semana, y aunque he hablado con él varias veces, en ningún momento hemos nombrado este tema para nada.
No se puede negar que Rubén Baraja no lo ha tenido fácil en el Valencia, como tampoco lo tuvieron los entrenadores que se sentaron en el banquillo de Mestalla en los últimos años. Baraja conocía la forma de trabajar de Meriton antes de llegar y renovó su contrato después de vivir las dificultades de primera mano. Por todo ello la ausencia de criterio y sobre todo de inversión no puede ser una razón para justificar los penosos resultados que está cosechando el equipo.
Rubén Baraja es un símbolo del Valencia, y hasta hace bien poco, el faro que nos guiaba a todos. Si en verano, el día de la presentación, nos hubieran dicho que a las puertas de la Navidad nadie daría un duro porque llegara a la misma como técnico, nos hubiéramos echado las manos a la cabeza. En pocos meses, muy pocos meses, todo el crédito ha ido por el aire, el deportivo y el que no lo es, y claro, eso merece que lo tratemos con calma.
El once titular de Baraja para el Valladolid - Valencia de la decimoséptima jornada de Liga en Primera División viene marcado por ser, al menos para el entrenador, una final. Si hoy no se gana, y entiendo que el empate tampoco va a valer, puede haber consecuencias drásticas, un cambio en el banquillo, con todo lo que eso supone, además de llevarnos un varapalo gigante, otro, por el rival es, ahora mismo, el único equipo peor que nosotros esta campaña.
"Toni, convence a Baraja de que dimita como entrenador del Valencia. Nos vamos a 2ª y él no es capaz de revertir la situación". El mensaje es literal, y además público, y aunque por un lado lo entiendo, porque todos estamos muertos de miedo, lo cierto es que las cosas no son así, no funcionan así, y desde luego, no se ejecutan así. Y dicho esto, ojalá el mundo, y la vida, fueran bastante más sencillas de lo que terminan siendo, para todo.
El debate está en la calle y la gran mayoría de la afición ha perdido la confianza en Rubén Baraja. De momento el club le mantiene en el puesto y algunos jugadores se han contagiado de la desesperanza. Al equipo no le sale nada en ataque y pequeños desajustes defensivos han llevado al Valencia al borde del precipicio. Con dos salidas por delante y la figura del técnico muy tocada, es momento de adquirir responsabilidad.
Insultar a Baraja y pisotear su nombre en el contexto de la historia del Valencia me parece una burrada. Hemos traspasado todos los límites habido y por haber, y sí, en parte es comprensible por el miedo que tenemos todos a irnos al carajo, algo que está demasiado cerca, pero que no puede justificar todo, eso no puede ser. Aquí estamos mezclando muchas cosas, se ha esparcido mucho veneno, y ahora se tiene el caldo de cultivo perfecto.
El sábado se vivió la enésima decepción del Valencia y en rueda de prensa el momento más desesperado de Rubén Baraja. El técnico está superado, el club no le ha dado herramientas pero a día de hoy ha perdido la perspectiva de la situación. El equipo no reacciona y los resultados son injustificables, Baraja habla de que existen esperanzas de lograr el objetivo (un objetivo, el de la permanencia, ridículo de por sí para el Valencia CF).
Si el Valencia no gana en Valladolid, Baraja dejará de ser su entrenador. Al menos es lo que se viene diciendo toda la semana, y aunque he hablado con él varias veces, en ningún momento hemos nombrado este tema para nada.
El once titular de Baraja para el Valladolid - Valencia de la decimoséptima jornada de Liga en Primera División viene marcado por ser, al menos para el entrenador, una final. Si hoy no se gana, y entiendo que el empate tampoco va a valer, puede haber consecuencias drásticas, un cambio en el banquillo, con todo lo que eso supone, además de llevarnos un varapalo gigante, otro, por el rival es, ahora mismo, el único equipo peor que nosotros esta campaña.
No se puede negar que Rubén Baraja no lo ha tenido fácil en el Valencia, como tampoco lo tuvieron los entrenadores que se sentaron en el banquillo de Mestalla en los últimos años. Baraja conocía la forma de trabajar de Meriton antes de llegar y renovó su contrato después de vivir las dificultades de primera mano. Por todo ello la ausencia de criterio y sobre todo de inversión no puede ser una razón para justificar los penosos resultados que está cosechando el equipo.
"Toni, convence a Baraja de que dimita como entrenador del Valencia. Nos vamos a 2ª y él no es capaz de revertir la situación". El mensaje es literal, y además público, y aunque por un lado lo entiendo, porque todos estamos muertos de miedo, lo cierto es que las cosas no son así, no funcionan así, y desde luego, no se ejecutan así. Y dicho esto, ojalá el mundo, y la vida, fueran bastante más sencillas de lo que terminan siendo, para todo.
Rubén Baraja es un símbolo del Valencia, y hasta hace bien poco, el faro que nos guiaba a todos. Si en verano, el día de la presentación, nos hubieran dicho que a las puertas de la Navidad nadie daría un duro porque llegara a la misma como técnico, nos hubiéramos echado las manos a la cabeza. En pocos meses, muy pocos meses, todo el crédito ha ido por el aire, el deportivo y el que no lo es, y claro, eso merece que lo tratemos con calma.
El debate está en la calle y la gran mayoría de la afición ha perdido la confianza en Rubén Baraja. De momento el club le mantiene en el puesto y algunos jugadores se han contagiado de la desesperanza. Al equipo no le sale nada en ataque y pequeños desajustes defensivos han llevado al Valencia al borde del precipicio. Con dos salidas por delante y la figura del técnico muy tocada, es momento de adquirir responsabilidad.
Insultar a Baraja y pisotear su nombre en el contexto de la historia del Valencia me parece una burrada. Hemos traspasado todos los límites habido y por haber, y sí, en parte es comprensible por el miedo que tenemos todos a irnos al carajo, algo que está demasiado cerca, pero que no puede justificar todo, eso no puede ser. Aquí estamos mezclando muchas cosas, se ha esparcido mucho veneno, y ahora se tiene el caldo de cultivo perfecto.
El sábado se vivió la enésima decepción del Valencia y en rueda de prensa el momento más desesperado de Rubén Baraja. El técnico está superado, el club no le ha dado herramientas pero a día de hoy ha perdido la perspectiva de la situación. El equipo no reacciona y los resultados son injustificables, Baraja habla de que existen esperanzas de lograr el objetivo (un objetivo, el de la permanencia, ridículo de por sí para el Valencia CF).