Imaginemos que el Valencia tuviera una TV, como antes, y se dedicara a poner a parir los árbitros. De forma sistemática, sin análisis, sin criterio, sin nada más que el hecho de que no hemos ganado el partido de turno y nos ha venido bien. Y que un día jugamos una final, que volveremos a hacerlo, y que cuando los colegiados hicieran una rueda de prensa previa al partido y dijeran que están hartos de que les insultemos, nosotros filtráramos que no nos vamos a presentar.