Gran parte del entorno del Valencia se niega a aceptar lo que somos. Y eso, desde el matiz del punto de rebeldía es algo extraordinario, y necesario, pero por otro lado, desde el punto de vista de la realidad, puede ser un generador de expectativas nunca cumplidas que acabe en frustración, y eso tampoco se puede permitir. Decimos que entendemos lo que somos, y eso no es verdad.