La figura de Diego Alves hay que saber separarla, porque por un lado está el portero, que puede ser uno de los mejores del mundo y su rendimiento habla por él y por quien quiera someterlo a un análisis, pero cuando se quita los guantes, las tracas del brasileño son grandes, algo que han sufrido varios cuerpos técnicos a lo largo de los años, pero como todo el mundo parece asumirlo, el tema lo aparco.