“Hay que obligar a Lim a vender el Valencia”. Vale, puedo comprar el argumento, porque de hecho estoy de acuerdo con él en el fondo, aunque no puede ser en la forma, que no la entiendo. Pero, ¿y cómo obligamos a nadie a comprar? Porque se necesitan los dos extremos de la cuerda, ya que sin ellos no tenemos absolutamente nada.