El primer lustro de la década de los 2000 tuvo a Pablo Aimar como foco de la ilusión de los aficionados del Valencia Club de Fútbol y también de muchos argentinos. El mediapunta formado en la escuela de River Plate engatusó al público de Mestalla con sus gambetas, caños, pases imposibles y con algún que otro golazo como el que le hizo al Tenerife, al Zaragoza, al Liverpool o al FC Barcelona.