El Nuevo Mestalla necesita sentido común y menos ansias de protagonismos inútiles. Y de paso, tampoco vueltas a un pasado que sabemos que es la causa de nuestros males, de muchos de ellos, pero que ahora algunos insisten en repetir como si no hubiéramos aprendido nada. O peor, como si hiciera falta aplicar esa máxima del "cuanto peor, mejor", porque pretender que las cosas sean de nuevo como en 2006 es absurdo hasta puntos insospechados.