Pensar que al Valencia va a venir un tipo forrado de pasta, los va a poner por castigo sin freno y sin control, y que además lo hará a fondo perdido sin esperar nada a cambio, es tan bonito como absurdo. Y digo absurdo por no usar otra palabra peor, porque también lo merece. Con todo el cariño del mundo, cuando escucho eso de que en el fútbol de hoy no existe el altruismo, me cabreo mucho. Pero mucho.