Los pasos que se tienen que dar en el Nuevo Mestalla son muy claros. Y los sabemos todos, desde los que los deciden hasta los que se niegan a darlos... en público. Porque la condena a entenderse es algo que está encima de la mesa desde hace años, y lo que nunca he terminado de entender ha sido la resistencia a hacerlo, ese miedo a hacerse una foto con Lim, o con su gente, como si de verdad ese hecho fuera determinante de nada, que no lo es.