Si me llamara el Valencia para trabajar en el club no tardaría ni dos seguros en decir que sí. Vaya por delante mi postura, que no niego de ninguna de las maneras, y que realmente es de la inmensa mayoría de todos nosotros, aunque claro, cuando no arriesgas nada diciendo lo contrario, es muy fácil rasgarse las vestiduras y ponerte el traje de digno.
Y ahora mismo, que vaya tela, trabajar en el Valencia significa que te llamen traidor, vendido, arrastrado, mamador, en fin, de todo.