Hay quien tiene más ganas de vender jugadores del Valencia que Peter Lim. No es la primera vez que lo digo, y lo pienso de un modo totalmente serio, porque estamos asistiendo a procesos que son, como poco, delicados de ver.
Hay quien tiene más ganas de vender jugadores del Valencia que Peter Lim. No es la primera vez que lo digo, y lo pienso de un modo totalmente serio, porque estamos asistiendo a procesos que son, como poco, delicados de ver.
Convencer a Baraja para quedarse en el Valencia. La falta de fichajes en el club, de todos los que hacen faltan al equipo, ya hizo que el curso pasado acabáramos encontrando a más jóvenes aún de los que ya había en la plantilla, y que se consolidaran en el primer equipo. El caso más significativo fue Fran Pérez, que tenía pie y medio en el Elche, que era un buen lugar para ir cedido, y terminó quedándose y siendo titular poco menos que indiscutible.
El peor entorno de la historia del Valencia, el más tóxico de largo, el más desagradable y negativo de todos los tiempos. Sé que algunos se cabrean cuando digo estas cosas, pero lo mismo me cabreo yo cuando veo algunas actitudes, comentarios, amenazas, señalamientos y tirar el nombre del Valencia por el suelo a cuenta de no sé que cruzada con mártires y santos. Cualquier excusa vale para sacar los cañones a pasear, y esta semana ha habido para elegir.
Empate sin goles entre Valencia y Castellón en el Antonio Puchades, los de Baraja evidenciaron su falta de ritmo.
El portero más caro del mundo vale 45 millones de euros y juega en el Valencia. Al menos eso dice el portal especializado Transfrmarkt, que unas veces es la Biblia, cuando interesa, y otras una web que habla de precios de jugadores. Porque tampoco ha terminado de gustar el valor que se le ha puesto al georgiano, ya que en ningún caso habla de de 60 ó 70 millones de euros como aquí se exige por su venta, hablando de mínimos, claro.
El Valencia tiene el dinero y el proyecto para el Nuevo Mestalla desde hace dos años. Y no, no se trata de que alguien me lo ha contado al oído, lo he visto con mis propios ojos. Poco después de la final de La Cartuja contra el Betis, pude ver personalmente ese proyecto, a cuenta de una acción que se pensaba hacer sobre la cubierta solar del futuro estadio. Eso era finales de abril. Poco después, ese mismo verano, Javier Tebas cerraba el acuerdo con CVC.
Valencia ha sumado un enorme fracaso como sociedad. O está a las puertas de ello, ya que la tercera ciudad del país se va a quedar sin ser sede del Mundial 2030 casi toda seguridad. Aún se pueden salvar las muebles, es cierto, pero está más complicado que nunca, ya que se ha apurado todo tanto, se ha estirado tanto la cuerda, que ahora mismo está prácticamente rota. Y por supuesto lo importante es buscar culpables, que lo demás importa poco.
Hay quien tiene más ganas de vender jugadores del Valencia que Peter Lim. No es la primera vez que lo digo, y lo pienso de un modo totalmente serio, porque estamos asistiendo a procesos que son, como poco, delicados de ver.
Empate sin goles entre Valencia y Castellón en el Antonio Puchades, los de Baraja evidenciaron su falta de ritmo.
Convencer a Baraja para quedarse en el Valencia. La falta de fichajes en el club, de todos los que hacen faltan al equipo, ya hizo que el curso pasado acabáramos encontrando a más jóvenes aún de los que ya había en la plantilla, y que se consolidaran en el primer equipo. El caso más significativo fue Fran Pérez, que tenía pie y medio en el Elche, que era un buen lugar para ir cedido, y terminó quedándose y siendo titular poco menos que indiscutible.
El portero más caro del mundo vale 45 millones de euros y juega en el Valencia. Al menos eso dice el portal especializado Transfrmarkt, que unas veces es la Biblia, cuando interesa, y otras una web que habla de precios de jugadores. Porque tampoco ha terminado de gustar el valor que se le ha puesto al georgiano, ya que en ningún caso habla de de 60 ó 70 millones de euros como aquí se exige por su venta, hablando de mínimos, claro.
El peor entorno de la historia del Valencia, el más tóxico de largo, el más desagradable y negativo de todos los tiempos. Sé que algunos se cabrean cuando digo estas cosas, pero lo mismo me cabreo yo cuando veo algunas actitudes, comentarios, amenazas, señalamientos y tirar el nombre del Valencia por el suelo a cuenta de no sé que cruzada con mártires y santos. Cualquier excusa vale para sacar los cañones a pasear, y esta semana ha habido para elegir.
El Valencia tiene el dinero y el proyecto para el Nuevo Mestalla desde hace dos años. Y no, no se trata de que alguien me lo ha contado al oído, lo he visto con mis propios ojos. Poco después de la final de La Cartuja contra el Betis, pude ver personalmente ese proyecto, a cuenta de una acción que se pensaba hacer sobre la cubierta solar del futuro estadio. Eso era finales de abril. Poco después, ese mismo verano, Javier Tebas cerraba el acuerdo con CVC.
Valencia ha sumado un enorme fracaso como sociedad. O está a las puertas de ello, ya que la tercera ciudad del país se va a quedar sin ser sede del Mundial 2030 casi toda seguridad. Aún se pueden salvar las muebles, es cierto, pero está más complicado que nunca, ya que se ha apurado todo tanto, se ha estirado tanto la cuerda, que ahora mismo está prácticamente rota. Y por supuesto lo importante es buscar culpables, que lo demás importa poco.