El fútbol es una pasión que me inculcó mi padre de forma inconsciente, ya que él era un apasionado de este deporte, un valencianista de los pies a la cabeza, un fijo del sector 8 desde los años 60, y lo que me dejó fue ese amor por un deporte y unos colores que todavía perduran, porque el Valencia es y será el equipo de mi vida, aunque fui el hombre más feliz de la tierra en Huracán y disfruto y aprendo ahora en club histórico como el CE Sabadell para intentar devolverlo a su lugar.