El Valencia tiene una plantilla completa pero ya se trabaja en el proyecto del futuro, en el mercado invernal se piensa en alguna incorporación aunque las opciones no son fáciles. Pero hay otro asunto que también se tiene en cuenta y no es otro que la salida de algunos jugadores, ya sea en este mes o sobre todo el próximo verano. Para seguir creciendo es necesario renovar algunas piezas de la plantilla que no han rendido como se esperaba o que ya han sido amortizados y por los que se podría conseguir una buena suma de dinero.
Y de nuevo tiene que aparecer Kevin Gameiro para ser el delantero que marque la diferencia en el Valencia, juegue cuando nadie lo espere, pero sobre todo, cuando el equipo más lo necesita. El papel del galo en este equipo viene siendo curioso casi desde que llegó, después de muchas semanas de negociación con el Atlético de Madrid.
¿Qué centro del campo debe ser el titular del Valencia con Albert Celades en el banquillo? La pregunta tiene mucha más miga de lo que pueda parecer, y la respuesta no es nada sencilla. Hay que tener en cuenta muchos aspectos, y el primero es cómo quiere jugar el técnico. Y ese matiz da directamente con el segundo asunto a trata: cómo puede jugar el Valencia en función de los futbolistas que tiene en la plantilla.
Gabriel Paulista cumple su tercera temporada en el Valencia con varios objetivos claros, el primero es seguir asentado en el once titular y ayudar a que el equipo logre los objetivos marcados, volver a ser campeón sería tocar el cielo, pero en lo personal Paulista se ha marcado jugar la Eurocopa con España. El momento de hacerlo es ahora, por edad y competencia parece probable que el jugador entre en las convocatorias una vez consiga el pasaporte español.
El menosprecio al Valencia es una constante cansina y agotadora, que muchas veces achacamos a lo que viene de fuera, que flores no nos tiran, pero que nace demasiadas veces aquí mismo. Siempre hacemos de menos a todo lo que sea positivo, y agrandamos lo negativo, casi con regocijo en algunos casos, con una sorna que resulta molesta, muy molesta.
Y de nuevo tiene que aparecer Kevin Gameiro para ser el delantero que marque la diferencia en el Valencia, juegue cuando nadie lo espere, pero sobre todo, cuando el equipo más lo necesita. El papel del galo en este equipo viene siendo curioso casi desde que llegó, después de muchas semanas de negociación con el Atlético de Madrid.
¿Qué centro del campo debe ser el titular del Valencia con Albert Celades en el banquillo? La pregunta tiene mucha más miga de lo que pueda parecer, y la respuesta no es nada sencilla. Hay que tener en cuenta muchos aspectos, y el primero es cómo quiere jugar el técnico. Y ese matiz da directamente con el segundo asunto a trata: cómo puede jugar el Valencia en función de los futbolistas que tiene en la plantilla.
El Valencia tiene una plantilla completa pero ya se trabaja en el proyecto del futuro, en el mercado invernal se piensa en alguna incorporación aunque las opciones no son fáciles. Pero hay otro asunto que también se tiene en cuenta y no es otro que la salida de algunos jugadores, ya sea en este mes o sobre todo el próximo verano. Para seguir creciendo es necesario renovar algunas piezas de la plantilla que no han rendido como se esperaba o que ya han sido amortizados y por los que se podría conseguir una buena suma de dinero.
¿Estamos seguros de que Thierry Correia sale del Valencia en este mercado de invierno? Porque de momento sigue aquí, aunque Celades deja claro en casi cada partido que no lo ve para competir al nivel que este equipo necesita y exige.
Gabriel Paulista cumple su tercera temporada en el Valencia con varios objetivos claros, el primero es seguir asentado en el once titular y ayudar a que el equipo logre los objetivos marcados, volver a ser campeón sería tocar el cielo, pero en lo personal Paulista se ha marcado jugar la Eurocopa con España. El momento de hacerlo es ahora, por edad y competencia parece probable que el jugador entre en las convocatorias una vez consiga el pasaporte español.
El menosprecio al Valencia es una constante cansina y agotadora, que muchas veces achacamos a lo que viene de fuera, que flores no nos tiran, pero que nace demasiadas veces aquí mismo. Siempre hacemos de menos a todo lo que sea positivo, y agrandamos lo negativo, casi con regocijo en algunos casos, con una sorna que resulta molesta, muy molesta.