El Valencia de nuestros padres, el que nos inculcaron cuando descubrimos este sentimiento, no tiene nada que ver con el actual. Como tampoco, más que posiblemente, tuviera que ver el suyo con el de sus abuelos. Y así hasta llegar al origen de las cosas. Son días en los que nos estamos sumergiendo en nuestros propios recuerdos para no soltarnos del cordón umbilical que nos une al Valencia desde que tenemos uso de razón. Y eso, aunque no lo parezca, y no digo que sea fácil, tampoco es subir una montaña en zapatillas de ir por casa.