Para enseñarme a mí cómo ser del Valencia, alguno tendría que nacer dos veces, y le seguiría sin llegar. Ya está bien de callar, de aguantar y de tragar. ¿Pero quiénes os habéis creído que sois? No hablo de esa cantidad ingente de indigentes mentales que se ocultan detrás de un huevo o de personajes falsos. Esos, además de despojos, son unos cobardes, con lo que más miseria ya no les cabe en el cuerpo. Pero algunos, esos guardianes del sentimiento, me superan.