El fútbol es un ser caprichoso, como el balón. Sin sentimientos, sin arraigos. El fútbol es cruel por esencia, y muy humano, porque da y quita sin ningún miramiento, en ocasiones, sin ningún mérito mucho más allá de haber estado en el sitio adecuado en el momento preciso.
Este deporte que amamos hasta el éxtasis es así, como se ha dicho tantas veces, y nos quedamos tan anchos. Por eso, cuando muchos valencianistas salían de Mestalla el pasado sábado y me decían “si, si, lo que quieras, pero líderes”, yo callaba, porque era una verdad incontestable.