Las comparaciones son odiosas. Algunas son incluso peores. Son condenas. Lastres para el desarrollo personal. Impiden a uno mostrarse tal y como es para pasar a ser medido a través de unas expectativas imposibles. La expectativas de otro. Sofiane Feghouli lo sabe muy bien. Ha vivido encadenado a la totémica figura de Zinedine Zidane durante sus primeros años como profesional.