En tres años y medio, Quico Catalán había visitado la caseta bastantes veces, pero nunca estirado de las orejas a los jugadores en el vestuario ni viajado con ellos en el autocar para marcarlos de cerca. Un punto de inflexión respecto a la política del ‘laissez faire’ con la que se había querido poner tierra de por medio con Pedro Villarroel, propenso hasta a hacerle las alineaciones al míster de turno.