En 1986, nadie nos quitó a los niños la ilusión por ser del Valencia. Es más, nuestros padres fomentaron ese valencianismo aún más si cabe, porque casi doblamos los abonados en Segunda respecto a Primera, y se generó algo que no ha dejado de crecer hasta hoy, con puntos concretos de crecimiento, pero que se fraguó en el peor desastre deportivo de la historia de esta institución centenaria.