“Es imposible que el Valencia llegue a dos finales de Champions sin Cúper, y es imposible ganar ninguna con Cúper”. La frase es mía, no me voy a hacer el loco, y la dije durante muchos años. Aquel día en Milán, uno de los más duros de mi vida a nivel profesional, me marcó, como a todos, de una manera terrible. He soñado mil veces con el penalti de Carboni que va al larguero, con el cambio al descenso de Aimar por Albelda, con la que tuvo Zahovic en la prorroga cuando había gol de oro.