Tras el empate en El Plantío, el técnico del Castellón, Pablo Hernández, destaca la superioridad de su equipo frente al Burgos y lamenta la falta de acierto en el gol.
Tras el empate en El Plantío, el técnico del Castellón, Pablo Hernández, destaca la superioridad de su equipo frente al Burgos y lamenta la falta de acierto en el gol.
El Valencia tiene que ser mucho mejor equipo que lo visto contra el Espanyol. Sí, los primeros 25 minutos fueron buenos, pero sólo esos, de 90, no te dan para ganar partidos, o es que tienes mucho acierto atrás, y un punto de suerte notable. Y eso, cuando el mejor de tu equipo es el portero, es algo que suele darse pocas veces. Cuando te tiran 21 veces a puerta, muchas de ellas muy claras, y cometes ciertos errores recurrente, no puede ser el camino.
Madrid y Barcelona han lanzado el aviso claro: si un árbitro no me pite como yo quiero, vamos a por él. Da todo mucho asco, mucha vergüenza, porque hacen lo que les parra por el forro de los caprichos, y encima se pasan la vida llorando porque al otro le benefician más. Es el asco más absoluto encima consentido por el resto, que asiste como convidados de piedra a que se rían en su cara. En la suya y en la de sus aficiones, claro.
El Castellón tiene un importante desafío ante el Burgos, que llega en excelente forma, para continuar su buen momento en Segunda División.
Cuando en Valencia hablamos de fútbol, y sólo de fútbol, es que las cosas empiezan a ir de un modo positivo. O al menos no negativo, que llega un punto en el que nos conformamos con una serie de mínimos básicos tal y como está el patio. Si la pelota entra, de un modo más o menos razonable, como lo que de verdad nos gusta es el fútbol, ya empezamos a ver las cosas de otro modo, y a priorizar unos temas sobre otros.
“El Valencia tiene que echarle cojones para salvarse”. Sí y no, porque al final, reducir el fútbol a esto es tentador, pero resulta un completo error. Si no tienes fútbol, si no juegas a esto de la pelota con un mínimo de criterio, ya puedes correr, pegar patadas y no dar un balón por perdido, que no vas a llegar, porque el otro siempre te acabará superando.
Cuando en Valencia hablamos de fútbol, y sólo de fútbol, es que las cosas empiezan a ir de un modo positivo. O al menos no negativo, que llega un punto en el que nos conformamos con una serie de mínimos básicos tal y como está el patio. Si la pelota entra, de un modo más o menos razonable, como lo que de verdad nos gusta es el fútbol, ya empezamos a ver las cosas de otro modo, y a priorizar unos temas sobre otros.
El entorno del Valencia afronta otro momento de esos en los que se va a sufrir de lo lindo en todos los sentidos, y que se arranca ya con los nervios a flor de piel. El final de Liga fue malo, y aunque es injusto cargar las tintas contra los jugadores, es obvio que el sabor de boca no fue bueno, que el miedo anda metido en el cuerpo, y que cualquier noticia, o amago de noticia, nos va a hacer saltar como resortes.
Tras el empate en El Plantío, el técnico del Castellón, Pablo Hernández, destaca la superioridad de su equipo frente al Burgos y lamenta la falta de acierto en el gol.
El Castellón tiene un importante desafío ante el Burgos, que llega en excelente forma, para continuar su buen momento en Segunda División.
El Valencia tiene que ser mucho mejor equipo que lo visto contra el Espanyol. Sí, los primeros 25 minutos fueron buenos, pero sólo esos, de 90, no te dan para ganar partidos, o es que tienes mucho acierto atrás, y un punto de suerte notable. Y eso, cuando el mejor de tu equipo es el portero, es algo que suele darse pocas veces. Cuando te tiran 21 veces a puerta, muchas de ellas muy claras, y cometes ciertos errores recurrente, no puede ser el camino.
Cuando en Valencia hablamos de fútbol, y sólo de fútbol, es que las cosas empiezan a ir de un modo positivo. O al menos no negativo, que llega un punto en el que nos conformamos con una serie de mínimos básicos tal y como está el patio. Si la pelota entra, de un modo más o menos razonable, como lo que de verdad nos gusta es el fútbol, ya empezamos a ver las cosas de otro modo, y a priorizar unos temas sobre otros.
Madrid y Barcelona han lanzado el aviso claro: si un árbitro no me pite como yo quiero, vamos a por él. Da todo mucho asco, mucha vergüenza, porque hacen lo que les parra por el forro de los caprichos, y encima se pasan la vida llorando porque al otro le benefician más. Es el asco más absoluto encima consentido por el resto, que asiste como convidados de piedra a que se rían en su cara. En la suya y en la de sus aficiones, claro.
“El Valencia tiene que echarle cojones para salvarse”. Sí y no, porque al final, reducir el fútbol a esto es tentador, pero resulta un completo error. Si no tienes fútbol, si no juegas a esto de la pelota con un mínimo de criterio, ya puedes correr, pegar patadas y no dar un balón por perdido, que no vas a llegar, porque el otro siempre te acabará superando.
Cuando en Valencia hablamos de fútbol, y sólo de fútbol, es que las cosas empiezan a ir de un modo positivo. O al menos no negativo, que llega un punto en el que nos conformamos con una serie de mínimos básicos tal y como está el patio. Si la pelota entra, de un modo más o menos razonable, como lo que de verdad nos gusta es el fútbol, ya empezamos a ver las cosas de otro modo, y a priorizar unos temas sobre otros.
El entorno del Valencia afronta otro momento de esos en los que se va a sufrir de lo lindo en todos los sentidos, y que se arranca ya con los nervios a flor de piel. El final de Liga fue malo, y aunque es injusto cargar las tintas contra los jugadores, es obvio que el sabor de boca no fue bueno, que el miedo anda metido en el cuerpo, y que cualquier noticia, o amago de noticia, nos va a hacer saltar como resortes.