Cada vez que el Levante rompe una barrera, y van tantas que ya hasta pierde la gracia, es momento de recordar cómo estaba el corral allá por 2009, cuando el club se debatía entre la vida y la muerte y la noticia no estaba en las victorias europeas sino en notarías, juzgados y personajes de pandereta de la época decadente de la burbuja. El viaje de regreso de Suecia no fue una excepción a la regla, por supuesto, aunque ese pasado reciente suena ya a antediluviano y lo que toca es otra cosa.