Ya nadie pone en entredicho a Albert Celades, el catalán se ha ganado a pulso el respeto de la afición y ha demostrado que está preparado para liderar la nave. Su llegada despertó las dudas, y es obvio que un sector del valencianismo no lo entendió (incluso se le llegó a faltar el respeto en alguna rueda de prensa). Era tiempo de ponerse manos a la obra y lo primero que hizo el técnico fue convencer a la plantilla de que había futuro.
2019 ha dejado momentos para guardar en la retina, el valencianismo disfrutó como pocas veces y por fin pudo desquitarse conquistando un ansiado título que se resistía 11 años. Pero al margen de la final de Sevilla o el partido del centenario, 2019 deja un legado importante en el vestuario del Valencia que sin duda tendrá continuidad: ha sido el año de la explosión de los jugadores valencianos.
Ya nadie pone en entredicho a Albert Celades, el catalán se ha ganado a pulso el respeto de la afición y ha demostrado que está preparado para liderar la nave. Su llegada despertó las dudas, y es obvio que un sector del valencianismo no lo entendió (incluso se le llegó a faltar el respeto en alguna rueda de prensa). Era tiempo de ponerse manos a la obra y lo primero que hizo el técnico fue convencer a la plantilla de que había futuro.
2019 ha dejado momentos para guardar en la retina, el valencianismo disfrutó como pocas veces y por fin pudo desquitarse conquistando un ansiado título que se resistía 11 años. Pero al margen de la final de Sevilla o el partido del centenario, 2019 deja un legado importante en el vestuario del Valencia que sin duda tendrá continuidad: ha sido el año de la explosión de los jugadores valencianos.