El partido del Valencia en Cornellà fue uno de los peores de la era Marcelino, no es aconsejable poner paños calientes a lo que fue una actuación demasiado decepcionante de los jugadores. Es un partido que debe servir para poner los pies en el suelo y no dejarse llevar por la euforia que ha acompañado al Valencia en las últimas semanas, queda mucho y no hay que caer en el fatalismo, pero también hay que ser conscientes de que el equipo tiene trabajo y muchos aspectos que mejorar.