Si empezamos a confundir el mal de Meriton o de Peter Lim con el del Valencia, vamos mal, y se genera un camino muy peligroso. La gestión del máximo accionista en los últimos 18 meses es para volverse locos, nadie lo va a poner en duda y mucho menos viendo los resultados (que son la gran mentira del fútbol muchas veces). Pero eso no quita para que vertamos nuestra frustración de un modo incontrolable.