Ha llovido mucho desde que Rufete pisara el césped de la Rosaleda aquella tarde del cinco de mayo de 2002. Tras una temporada rayando a un alto nivel, el alicantino formaba parte del once inicial que Rafa Benítez ponía en liza y que noventa minutos después se proclamaría campeón de liga.
Aquella temporada fue sin duda la mejor en la vida profesional de Rufete. Se convirtió en pieza clave del Valencia, disputando cincuenta partidos, siendo titular en cuarenta y uno y consiguiendo marcar el mayor número de goles en una temporada, diez.