"Baraja es el peor entrenador de Primera". Eso lo han leído mis ojos y escuchado mis oídos, y desde luego no hace demasiado de ello. Me tiraba las manos a la cabeza, me cabreada como pocas veces, me encendía como una tea, y el Pipo me repetía que no entrara en esas guerras, que al final no dan nada. Y tenía razón, como tantas veces, pero cuando uno ve que se está cometiendo una injusticia, y además con un buen amigo, calmarse es muy complicado.