El once titular de Baraja para el Barcelona - Valencia de la trigésimo tercera jornada de Liga en Primera División viene marcado por la ilusión de poder hacer algo grande, en un gran escenario y contra un gran equipo.
El once titular de Baraja para el Barcelona - Valencia de la trigésimo tercera jornada de Liga en Primera División viene marcado por la ilusión de poder hacer algo grande, en un gran escenario y contra un gran equipo.
La Liga llega a su momento clave, la recta final definirá los puestos europeos y afortunadamente el Valencia mantiene su opciones. El escenario no tiene nada que ver con lo vivido en el pasado ejercicio y en solo un año Rubén Baraja ha conseguido que el equipo aspire a logros mayores. Mientras tanto, las guerras continúan y el Nou Mestalla sigue siendo noticia.
Una de las mayores barbaridades que podemos cometer en el Valencia es perder la perspectiva. La perspectiva de quiénes somos a nivel deportivo en este momento, y por supuesto, sin dejar de señalar al único culpable que hay por ello, que no es otro que Peter Lim, por supuesto. Pero eso no permite que haya una especie de barra libre con la plantilla, y en ocasiones con el entrenador, porque perdemos la perspectiva en cuanto no ganamos un partido importante.
Rubén Baraja ha hecho una gestión perfecta del vestuario del Valencia. Y decir perfecta, en el mundo del fútbol o en la vida, es algo extremadamente complejo, ya que nadie lo hace todo bien, ni tampoco. Esa, por cierto, es una de las frases favoritas de uno de sus ayudantes, Toni Seligrat. Es muy difícil, peor mucho, el tener a un grupo de jugadores de fútbol profesional implicados.
Lo de que en Valencia busquemos a Baraja para ver si todo salta por los aires tiene narices. Por no decir otra cosa mucho más malsonante, pero que sin duda explicaría mejor lo que veo que está ocurriendo desde hace unos días, aunque con ciertas ganas de que pase todo el año. El Pipo se cabreó el miércoles, con razón, porque ya está bien. Los análisis hechos me parecen muy bien, cada uno tiene el suyo, pero al final, cuando conoces a la persona, y hablas con ella, sabes que se están equivocando.
Si el Valencia logra clasificarse erá hora de felicitar al Pipo Baraja y a los jugadores, la plantilla tiene una oportunidad única de dar el último impulso y cerrar la campaña obteniendo la clasificación a una competición continental. De no hacerlo el gusto final sería amargo, pero el camino de la reconstrucción deportiva no ha hecho más que comenzar. Las intenciones del máximo accionista parecen claras y no parece que con la aparición en escena de Kiat Lim como hombre fuerte las cosas vayan a cambiar.
Rubén Baraja no tiene la culpa de cómo tiene el Valencia Peter Lim, y Meriton no es el club, aunque se trate de su máximo accionista. Y por la misma razón que los directivos del local management no son esbirros del propietario, no lo son tampoco el entrenador y los jugadores, ya que todos cobran de la misma empresa, es decir, el Valencia Club de Fútbol, por desgracia, SAD. Que a estas alturas aún estemos con esto es agotador, mucho, pero cada derrota del equipo saca los más bajos instintos, igual que cada victoria genera un silencio atronador.
El once titular de Baraja para el Barcelona - Valencia de la trigésimo tercera jornada de Liga en Primera División viene marcado por la ilusión de poder hacer algo grande, en un gran escenario y contra un gran equipo.
Rubén Baraja ha hecho una gestión perfecta del vestuario del Valencia. Y decir perfecta, en el mundo del fútbol o en la vida, es algo extremadamente complejo, ya que nadie lo hace todo bien, ni tampoco. Esa, por cierto, es una de las frases favoritas de uno de sus ayudantes, Toni Seligrat. Es muy difícil, peor mucho, el tener a un grupo de jugadores de fútbol profesional implicados.
La Liga llega a su momento clave, la recta final definirá los puestos europeos y afortunadamente el Valencia mantiene su opciones. El escenario no tiene nada que ver con lo vivido en el pasado ejercicio y en solo un año Rubén Baraja ha conseguido que el equipo aspire a logros mayores. Mientras tanto, las guerras continúan y el Nou Mestalla sigue siendo noticia.
Lo de que en Valencia busquemos a Baraja para ver si todo salta por los aires tiene narices. Por no decir otra cosa mucho más malsonante, pero que sin duda explicaría mejor lo que veo que está ocurriendo desde hace unos días, aunque con ciertas ganas de que pase todo el año. El Pipo se cabreó el miércoles, con razón, porque ya está bien. Los análisis hechos me parecen muy bien, cada uno tiene el suyo, pero al final, cuando conoces a la persona, y hablas con ella, sabes que se están equivocando.
Una de las mayores barbaridades que podemos cometer en el Valencia es perder la perspectiva. La perspectiva de quiénes somos a nivel deportivo en este momento, y por supuesto, sin dejar de señalar al único culpable que hay por ello, que no es otro que Peter Lim, por supuesto. Pero eso no permite que haya una especie de barra libre con la plantilla, y en ocasiones con el entrenador, porque perdemos la perspectiva en cuanto no ganamos un partido importante.
Si el Valencia logra clasificarse erá hora de felicitar al Pipo Baraja y a los jugadores, la plantilla tiene una oportunidad única de dar el último impulso y cerrar la campaña obteniendo la clasificación a una competición continental. De no hacerlo el gusto final sería amargo, pero el camino de la reconstrucción deportiva no ha hecho más que comenzar. Las intenciones del máximo accionista parecen claras y no parece que con la aparición en escena de Kiat Lim como hombre fuerte las cosas vayan a cambiar.
Rubén Baraja no tiene la culpa de cómo tiene el Valencia Peter Lim, y Meriton no es el club, aunque se trate de su máximo accionista. Y por la misma razón que los directivos del local management no son esbirros del propietario, no lo son tampoco el entrenador y los jugadores, ya que todos cobran de la misma empresa, es decir, el Valencia Club de Fútbol, por desgracia, SAD. Que a estas alturas aún estemos con esto es agotador, mucho, pero cada derrota del equipo saca los más bajos instintos, igual que cada victoria genera un silencio atronador.