¿A quién demonios le puede interesar un Valencia siempre en guerra? Es una pregunta lógica, con sentido, que debería tener como respuesta inmediata “a nadie”. Pero eso sabemos que no es así, y que no lo es desde que tengo uso de razón. Empecé en esto del periodismo allá por el año 1994, con Paco Roig siendo presidente, y el entorno del club hecho ya un polvorín. No he visto mejora en más de un cuarto de siglo, más bien al contrario.