Cuando las cámaras cazaron a Guardiola y Juan Ignacio hablándose al oído al principio del partido no estaban intercambiando frases manidas de ascensor. Lo que Pep hacía era invitar a JIM a su despacho privado para conversar distendídamente. Una tradición inglesa que se pone en práctica con todos los entrenadores que pisan por primera vez el Camp Nou.