El Valencia de Celades recibió muchos palos por el partido que jugó en Valladolid, quizá el más flojo de todo el curso incluso por delante del de Osasuna, marcado por la expulsión de Rodrigo Moreno. Forma parte de esto, del juego, exigir siempre el 200%, y cuando no se da, sacar la artillería pesada.
Atizar al Valencia de Albert Celades por el partido del Valladolid es lamentable. Y ejerzo mi libertad de expresión lo mismo que hacen los que no han tenido ningún tipo de piedad a la hora de analizar el choque de Pucela. Es una sensación muy molesta, como si hubiera un sector que estuviera esperando la más mínima oportunidad para poder lanzarse a tumba abierta y sacudir con fuerza y con ganas.
Atizar al Valencia de Albert Celades por el partido del Valladolid es lamentable. Y ejerzo mi libertad de expresión lo mismo que hacen los que no han tenido ningún tipo de piedad a la hora de analizar el choque de Pucela. Es una sensación muy molesta, como si hubiera un sector que estuviera esperando la más mínima oportunidad para poder lanzarse a tumba abierta y sacudir con fuerza y con ganas.
El Valencia de Celades recibió muchos palos por el partido que jugó en Valladolid, quizá el más flojo de todo el curso incluso por delante del de Osasuna, marcado por la expulsión de Rodrigo Moreno. Forma parte de esto, del juego, exigir siempre el 200%, y cuando no se da, sacar la artillería pesada.