El brazalete de capitán del Valencia es un asunto muy serio, porque es mucho más que un trozo de tela, infinitamente más que hacerse la foto con el árbitro antes de un partido, insultantemente más que portarlo porque se hacen una serie de cambios y te toca por antigüedad. Por definición no me gusta eso de "odio eterno al fútbol moderno", porque este juego lleva cambiando desde que nació, y no lo entiendo como un pensamiento razonable.