El 20 de enero del 2009 el mundo se paralizó para dar la bienvenida al nuevo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. En un acto rodeado expectación, maquillado por la maquinaria yankee del espectáculo, Obama prometió dar un giro al mundo desde la Casa Blanca. Promesas vacías que todavía no se han cumplido. Ese mismo día, al otro lado del mundo, concretamente en el estadio Cornellá-El Prat, se producía otro acto de presentación, pero mucho más austero.