Vaya por delante que quien escribe estas líneas no es científico. No soy epidemiológico, ni virólogo, ni siquiera médico. Sólo soy un humilde profano, un mero observador, cuyo único bagaje respecto a lo que estamos viviendo son las muchas horas empleadas en la recopilación y seguimiento de datos, por una parte, y en la atención a la opinión de contrastados expertos, por otra.