No se anda con rodeos Marcelino. El técnico del Villarreal tiene muy claro que el choque ante el Getafe no será precisamente un paseo dominical por la playa. Y es que el conjunto azulón siempre pone las cosas muy difíciles cuando se desplaza fuera de casa.
El asturiano no oculta su respeto hacia el rival de este fin de semana. «El Getafe es un equipo que te permite muy poco», reconoció el entrenador groguet en la rueda de prensa previa al encuentro. Una declaración que pone sobre la mesa la realidad de lo que se va a encontrar su equipo.
Porque claro, una cosa es jugar contra equipos que salen a proponer y otra muy distinta medirse a conjuntos que tienen el manual del fútbol defensivo aprendido de memoria. Ahí radica el quid de la cuestión para los castellonenses.
¿Cuál es la clave según Marcelino?
El preparador del Submarino Amarillo lo tiene meridianamente claro. Control y equilibrio. Esas son las dos palabras mágicas que repitió en su comparecencia del viernes 13 de febrero.
«Será importante tener el control del partido y el equilibrio necesario», subrayó Marcelino sin dar puntada sin hilo. Y es que cuando te enfrentas a equipos tan cerrados, cualquier despiste se paga caro. Muy caro.
La experiencia le dice al técnico que estos partidos se deciden por detalles. Un balón parado mal defendido, una contra mal resuelta o una pérdida de concentración pueden echarte por tierra todo el trabajo de 90 minutos. Por eso insiste tanto en mantener la cabeza fría.
El reto táctico que plantea el Getafe
Pocos equipos en LaLiga saben cerrar espacios como el conjunto madrileño. Su propuesta futbolística pasa por hacer daño con muy poco y aprovechar cada error rival como si fuera oro en paño.
Marcelino conoce bien esta realidad. Ha entrenado lo suficiente en la élite como para saber que estos choques requieren una paciencia infinita y una precisión quirúrgica en el último tercio del campo.
El Villarreal tendrá que armarse de paciencia (mucha paciencia) para encontrar los huecos en una defensa que se las sabe todas. Nada de prisas ni de desesperarse si el gol no llega en los primeros compases del encuentro.
La importancia de no perder la cabeza
Ahí está la madre del cordero. Mantener la calma cuando el rival se encierra atrás como una ostra y espera su momento para hacer daño al contragolpe.
El técnico asturiano sabe perfectamente que su equipo tiene calidad más que suficiente para resolver este tipo de partidos. Pero también es consciente de que la calidad sin paciencia no sirve de nada ante rivales tan correosos.
«El equilibrio necesario» del que habla Marcelino pasa por no volverse loco atacando y dejar espacios a la espalda que el Getafe aprovecha como nadie. Ojo con eso porque los azulones tienen veneno en las contras.
Al final, será cuestión de tener la cabeza bien amueblada y los pies en el suelo. Nada de florituras innecesarias ni de complicarse la vida más de la cuenta. Fútbol directo, vertical y con criterio para doblegar a un rival que nunca regala nada.