El Ramón Sánchez Pizjuán es un verdadero calvario para los jugadores del Valencia CF. El campo del Sevilla se ha convertido en un bastión inexpugnable para casi cualquier equipo, pero más concretamente para un Valencia que no gana allí desde hace doce años, es decir, desde aquel partido que con dos goles, uno de Vicente y otro de Baraja, el Valencia se proclamaba campeón de liga. Una maldición que se extiende ya durante quince partidos y que han contribuido a forjar una de las rivalidades más importantes de los últimos años en el fútbol español.