El desolador pesimismo que veo alrededor del Valencia es algo que no esperaba encontrarme nunca. Siempre he dicho que en el valencianismo hay una especie de ascensor supersónico que te lleva del cielo al infierno, y vuelta, a la velocidad de la luz, pero esta situación de ahora supera en todo a esto. Nunca hemos sido unos derrotistas, siempre le hemos echado un par a todo, siempre hemos luchado con uñas y dientes.