Manolo Salvador lo tuvo claro desde el principio: Babá. Su cuarta apuesta consecutiva para el ataque, aunque esta vez y a diferencia de los anteriores negocios sin opción de compra después de que Del Nido propusiese ponerle 15 millones. Delantero negro, para variar, de esos que como a Caicedo había que recordarles que el balón era redondo, no cuadrado. Y procedente del Sevilla, como Koné.