La derrota del Villarreal ante el Espanyol dejó un sabor amargo en La Cerámica que trascendió el resultado. Pau Navarro no se anduvo con rodeos al analizar lo ocurrido en los micrófonos: la despoblación de las gradas en el tramo final fue el síntoma de un malestar que va más allá del marcador.
El grito de auxilio de Navarro
«Necesitamos estar muy juntos», fue el mensaje central del futbolista. Y es que Navarro fue directo al problema: «No puede ser que en el minuto 75 el campo esté vacío. Tenemos que ir todos a una, eso marca la diferencia».
El futbolista bajo las órdenes de Íñigo Pérez no buscaba excusas ni pretendía eludir responsabilidades. Al contrario. Reconoció que el equipo debe exigirse primero a sí mismo: «Debemos empezar por exigirnos nosotros en el campo los que más».
El factor cancha como arma perdida
Navarro hizo una comparación que retrata el problema: en otros campos, el público aprieta en los minutos finales. Aquí, la tendencia es inversa. «Cuando tú vas a otros campos, en los minutos finales la gente aprieta muchísimo y aquí tenemos que hacernos fuertes».
La Cerámica se convirtió en este partido en un escenario de abandono prematuro. Ojo porque eso es un dato que duele: la afición votó con los pies antes de que el árbitro pitara el final.
Responsabilidad compartida
El llamamiento de Navarro va más allá de un reproche. Es un SOS. Plantea que la solución requiere que jugadores y afición remen en la misma dirección. Sin eso, las cosas no cambiarán.
El Villarreal afronta ahora el reto de recuperar tanto la confianza interna como la complicidad con La Cerámica. Navarro lo tiene claro: eso es lo que marca la diferencia entre competir y rendirse.