Cuando veo ahora pedir en el Valencia la renovación de Diakhaby, no es que me entre la risa, porque tampoco tiene especialmente gracia, pero sí que echo la vista atrás y es para volverse loco. Llegó en el verano de 2018 por 15 millones de euros, como apuesta de Pablo Longoria, y siempre se miró con recelo esa cantidad. Su primer año, a la sombra de Garay y Paulista, fue tranquilo, porque cuando salía cumplía, y hasta le pudimos ver marchando algunos goles como contra el Sevilla en casa en la primera vuelta, o el 0-1 en Londres contra el Arsenal en las semifinales de la Europa League (después vino lo que vino).
Pero cuando empezó a jugar más, y sin el escudo de veteranos, empezó a cometer errores, le pitaban penaltis casi por castigo, tuvo crisis de fe en su juego, le salía todo mal… Insultos, menosprecios, burlas, memes de todo tipo, y esa sobre del verano de 2019, cuando se dijo que los Wolves daban 40 millones de euros por él y Marcelino dijo que no. Verdad o leyenda urbana, que nunca ha quedado claro, aquello también le persiguió.
Reconozco que me ha puesto de los nervios, como a todos, pero que siempre me ha parecido que podía crecer y mejorar, y ahí están mis “peleas” con muchos amigos por este tema. El año de Javi Gracia estuvo bastante bien, y el curso pasado, fue el mejor de los centrales, por regularidad. Entramos en el último año de contrato, y no sería razonable ver cómo se marcha gratis el 30 de junio, por todo. Esto hace un par de años habría sido ciencia ficción, pero ahora mismo se pide su renovación a gritos… ¡Qué grande es el fútbol!