Es el momento de la verdad para el Valencia de José Bordalás en el césped. Desde que empezó la Liga, y salvando el partido de Granada, más por el resultado que por el juego, casi todo han sido alabanzas para los hombres del técnico alicantino y para ´l mismo. Todo va bien, funciona, rueda como es debido, se tienen 7 puntos de 9, se han marcado 5 goles y sólo s era encajado uno. Además, el fin del mercado de fichajes trajo 4 refuerzos en los últimos días, Marcos André, Dimitri Foulquier, Hugo Duro y Hélder Costa, que han terminado por ponerle muy buena cara a la plantilla.
Se ha dicho hasta la saciedad que falta otro central (Diakhaby debe demostrar que vale para estar en este equipo) y un mediocentro defensivo (lo de Guillamón puede ser algo muy interesante, pero en el cómputo global, estamos mucho mejor que el curso anterior, y eso ya es algo muy positivo que debemos poner en valor. Ahora vuelve la Liga, y lo hace con uno de esos partidos feos y desagradables, que cuesta tanto ganar. Nos vamos a Pamplona a jugar contra Osasuna, al que llevamos dos años sin poder sacar un punto en su estadio, y que en alguna de esas ocasiones, nos ha corrido literalmente a bajonazos por el campo.
El curso no va a ser un camino de rosas, ojalá, y se va a tener que sufrir. Y para eso hay que tener las ideas claras y una base muy sólida para poder llevar mejor las adversidades. Ahí va a ser donde se vea realmente de qué pasta está hecho este proyecto de Bordalás. Han sido muchos elogios, bien merecidos, y ojalá sigamos así todo el año, que será buena señal. Pero toca calzarse bien el casco, porque los rivales ya saben de qué vamos, y nos van a estar esperando todos. Aunque también es cierto que no tenemos nada que ver con lo que hemos sido desde que el fútbol volvió tras el confinamiento… y eso también es ir con ventaja.