El Valencia del año pasado no era tan malo, pero fue una mentira tan bien construida, que al final todos la dimos por buena, y somatizamos que el único objetivo posible era no bajar a Segunda. ¿Había equipo para jugar en Europa? Seguro que no, y menos viendo cómo rindieron algunos de los que al final estuvieron arriba, pero es que no es sólo el todo o la nada, existen los puntos medios, y eso es algo a lo que nos negamos la campaña pasada, y las consecuencias pudieran ser mucho peores.
Y la culpa de todo, de absolutamente todo, la tuvieron Peter Lim, Meriton y la absurda política deportiva de hacer burradas y no dar ninguna explicación. Pero de llevarlo todo al extremo, de insultar a nuestros jugadores hasta la saciedad, de dudar de todos ellos, de llamarles de todo, y de hacer mçartir a Javi Gracia cuando dejó de luchar y revelarse contra la gran putada (se llama así), que le gastaron, de eso, la culpa la tenemos todo el entorno. A cada uno lo suyo para que el análisis sea real, de verdad.
El viernes, ante el Getafe, 9 de los 11 titulares eran del año pasado. 13 de los 16 jugadores que disputaron el encuentro, lo mismo. El efecto Bordalás es gigante, sin lugar a ninguna duda, pero una de las cosas que ha hecho el técnico alicantino es no comprar el discurso derrotista por un lado, y atreverse a hacer cosas nuevas con el material humano que tiene por otro. Además de su sello, que repito, es algo que marca el análisis. No voy a entrar en todo lo dicho este verano, porque acabaríamos todos peleando, pero seamos pacientes con el Valencia deportivo. Con ese, sí.