En todos los equipos tiene que haber un cabrón que mande y al que se le tenga miedo y respeto, y en el Valencia esa figura también debe existir. Es una figura poco agraciada, muy poco, pero que tiene una labor esencial, porque en un grupo de profesionales siempre debe haber alguien que mande, que mande mucho, y que cuando hable se haga el silencio, sino es por respeto, al menos que lo sea por miedo.