Levante - Valencia (Copa del Rey 1999): Camarasa contra Giner

Los dos fueron capitanes en sus respectivos equipos

Valencia, Copa del Rey 1999

"Giner está acojonado, para ambos sería muy bonito encontrarnos en el campo como capitanes de ambos conjuntos". Así de franco se mostró Paco Camarasa en la jornada previa al choque de octavos de final de la Copa del Rey que disputaron en 1999 Levante y Valencia.

Camarasa había estrenado titularidad el domingo anterior, tras nueve meses en los que no contó en las alineaciones de Claudio Ranieri, el técnico del Valencia Club de Fútbol. El central valenciano disputó los noventa minutos del partido de liga frente al Tenerife y comenzó a vislumbrar en su cabeza la posibilidad de aparecer en el once titular del conjunto "Ché" en el partido copero.

El sueño de liderar al Valencia en un "Derby", simbolizaba demasiado para el futbolista de Rafelbunyol. Seguir los pasos de su padre, que comandó la nave levantinista en la primera visita del Levante a Mestalla (allá por el año 1963) y el significativo hecho de que fuera su amigo Ferrán Giner quien portara el brazalete de capitán del equipo "granota", transmitían a la ilusión de Camarasa un atractivo de gran dimensión. El defensa tuvo que esperar al partido de vuelta para poder hacer realidad su sueño, ya que Ranieri apostó, en ese primer partido de la eliminatoria, por los nombres habituales con los que venía contando desde principio de temporada. Al equipo rival lo entrenaba un ex conocido del Valencia Club de Fútbol, Pep Balaguer, que fue portero del conjunto "ché" durante nueve años; a finales de la década de los setenta, alternó titularidad con momentos en la suplencia.

Aquel Levante Unión Deportiva estaba realizando una gran campaña en la segunda división B del fútbol español. Con una plantilla en la que destacaban hombres como Fernando Sales, Luís López, el Kali Garrido o el omnipresente Paco Salillas, el Levante era claro candidato al ascenso de categoría. Su positiva presencia en la Copa del Rey constituía un premio a las buenas sensaciones mostradas en el torneo de la regularidad. El Levante estaba firmando un campeonato casi perfecto; tras dar buena cuenta del Terrasa y el Cartagonova, tuvo que recurrir a la épica para derrotar al Extremadura. Dos empates a cero y la suerte de los penaltis otorgaron la clasificación al equipo entrenado por Balaguer.

Para el Valencia en cambio, su camino comenzaba en esa eliminatoria. Los clubes que disputaban competiciones europeas entraban en liza en la ronda de octavos de final, mientras el resto debía ganarse el puesto disputando rondas previas.

Los dos equipos salieron al terreno de juego del Nou Estadi con la bandera de la Comunidad Valenciana. Ambos capitanes, Mendieta y Giner, encabezaban la fila de futbolistas de sus respectivos equipos. Cuando el balón se puso en juego quedó muy claro que aquel Levante, pese a dominar con claridad su grupo en la categoría de bronce del fútbol español, encontraba muy lejana la posibilidad de competir cara a cara con su vecino rival.

Transcurría la segunda temporada del italiano Ranieri al frente del equipo de Mestalla. Las armas de aquel legendario equipo se fundamentaban en una gran defensa, en la que jugara quien jugara se demostraba cada domingo una gran eficacia. El día de la visita al Levante les tocó el turno a Djukic, Bjorklund, Carboni y Anglomá ; ellos fueron los dueños de la línea de protección de Santiago Cañizares y se encargaron de poner freno a los peligrosos atacantes con los que contaba Pep Balaguer en su plantilla.

El partido gozó de una expectación inusitada por parte de los aficionados y un seguimiento espectacular de los medios de comunicación de ámbito local. El levantinismo acogió el choque con muchas ganas, pero muy pronto toda intención de victoria iba a ser abortada por un solvente Valencia.

Un joven goleador catalán iba a convertirse en la estrella de aquel duelo. Rubén Navarro asumió la faceta goleadora del equipo de Ranieri y demostró que podía ser un futbolista mucho mas utilizable de lo que había tenido en cuenta el entrenador transalpino hasta el momento. Dos goles de Navarro condicionaron el partido y colocaron un resultado muy favorable para el Valencia.

Desesperado Balaguer, dio entrada a dos jugadores de ataque en busca del gol que pudiera dar vida al equipo local. Constantino y Chicha reforzaron al Levante, pero la portería de Cañizares se encontraba vedada para las intenciones atacantes del cuadro blaugrana. En una contra, Mendieta cerraba el partido y conseguía el 0-3 que resultaría definitivo para la moral del público local.

En el partido de vuelta, por fin se pudo concretar la escena y con ella, los fotógrafos cumplieron y sellaron para la posteridad el abrazo de dos amigos; Camarasa y Giner capitanearon a sus equipos en el "derby" de la ciudad de Valencia.

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