Ghezzal

La verdad en Orriols

Las filtraciones son como los pedos, que el culpable es el primero que se queja. Pero lo que importa no es el origen de las informaciones, sino saber la verdad y gracias a ella el levantinismo puede hacerse una idea de cómo ha sido el mercado de enero para el Levante. Difícil. El objetivo real era traer a dos delanteros y al final sólo ha venido uno. Y encima con unos números que no invitan precisamente a la ilusión, pero que llevan la firma de un jugador pretendido por otros clubes italianos.

Enorme decepción en Orriols

Para qué engañarse. El mercado invernal se cerró ayer para el Levante con mal sabor de boca y ha sabido a muy poco para la afición. Los fichajes han llegado tarde, por el camino se han caído buenísimas opciones y al final el tan ansiado delantero se ha quedado en la cesión de Abdelkader Ghezzal, que no destaca precisamente por sus registros goleadores. Aunque Manolo Salvador haya dicho que llevaba seis meses siguiéndolo, lo cierto es que esta vez cuesta y mucho creerse al director deportivo, que ha tirado de improvisación y ofrecimientos.

La verdad en Orriols

Las filtraciones son como los pedos, que el culpable es el primero que se queja. Pero lo que importa no es el origen de las informaciones, sino saber la verdad y gracias a ella el levantinismo puede hacerse una idea de cómo ha sido el mercado de enero para el Levante. Difícil. El objetivo real era traer a dos delanteros y al final sólo ha venido uno. Y encima con unos números que no invitan precisamente a la ilusión, pero que llevan la firma de un jugador pretendido por otros clubes italianos.

Enorme decepción en Orriols

Para qué engañarse. El mercado invernal se cerró ayer para el Levante con mal sabor de boca y ha sabido a muy poco para la afición. Los fichajes han llegado tarde, por el camino se han caído buenísimas opciones y al final el tan ansiado delantero se ha quedado en la cesión de Abdelkader Ghezzal, que no destaca precisamente por sus registros goleadores. Aunque Manolo Salvador haya dicho que llevaba seis meses siguiéndolo, lo cierto es que esta vez cuesta y mucho creerse al director deportivo, que ha tirado de improvisación y ofrecimientos.