Es una obligación creer en el Valencia de Baraja. Primero porque es el nuestro, no tenemos otro, y salvo cambio de planes muy salvaje, no habrá grandes dispendios en el mes de enero. Y segundo porque esta gente, para bien y para mal, se deja lo que tiene, no tiene la culpa de que a los mandos del club esté un señor que no nos hace ni caso, por decirlo de una forma suave, y que ellos sean los que se pongan la camiseta del equipo.