Cañizares: «No hace falta llevarse bien si hay respeto»

Amparo Blanes | 9 Oct 2026 | 10.09
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Santiago Cañizares, exportero del Valencia CF, en declaraciones radiofónicas
Santiago Cañizares, exportero del Valencia CF, en declaraciones radiofónicas

Santiago Cañizares ha puesto el foco en cómo funciona realmente un vestuario profesional de fútbol, más allá de la química que se ve desde fuera. El exportero afirmó que la amistad no es un requisito para que un equipo funcione, siempre que exista respeto y profesionalidad.

La realidad incómoda del vestuario

Cañizares fue directo en sus palabras: «De 25 no tragaba a un tercio». El exguardameta explicó que cuando se reúnen 25 futbolistas que no han elegido estar juntos, es inevitable que surjan fricciones personales. «Yo no estaba para aguantar si nos juntamos 25 tíos que no he elegido yo, alguno pensará que yo soy un bobo y yo también que alguno es un bobo», declaró en El Partidazo de la Cadena COPE.

Pero la cosa no quedaba ahí. Según sus propias palabras, a él no lo aguantaban dos tercios de la plantilla. Una cifra que refleja la complejidad de las dinámicas internas: no todos se llevan bien con todos, y eso es normal en un colectivo de profesionales.

Respeto por encima de amistad

Lo relevante, para Cañizares, no era resolver esas tensiones mediante amistades forzadas. «No hace falta llevarse bien, tú haz tu función y yo hago la mía», resumió el exportero. Su postura es clara: la profesionalidad es el cemento que sostiene un equipo, no los abrazos en el vestuario.

«A mí no me aguantaban dos tercios, pero no hace falta ser amigos, basta con tener algo de respeto», afirmó. Incluso fue más allá en su reflexión personal: «Hay que tener respeto, yo prefiero que me lo tengan a otra cosa. A mí todos estos que se ríen mucho no me gustan». Una declaración que deja clara su prioridad: el respeto profesional antes que la simpatía.

Una lección de vestuario

Las palabras de Cañizares rompen con el tópico del vestuario como familia. En su experiencia y su trayectoria en el fútbol profesional, aprendió que un equipo ganador no necesita que todos sean amigos. Lo que necesita es que cada uno cumpla su rol, respete al compañero y deje el ego fuera del campo.

Esta visión práctica del fútbol profesional contrasta con la narrativa romántica que a menudo rodea a los equipos exitosos. Cañizares no se anda con eufemismos: convivencia incómoda, desencuentros personales y aún así, competitividad. Eso es la realidad de los vestuarios de élite.