El mensaje sobre que el Valencia acabará bajando antes o después si seguimos así, con esta gestión, es uno con el que en parte estoy de acuerdo, y con el que en parte estoy en guerra. Y tampoco llevo demasiado bien los tiempos en los que lo usamos, que creo que son importantes por muchas cosas.
Al que piense así lo entiendo, claro que lo entiendo, porque si el Valencia no fuera el Valencia y sí cualquier otro equipo, pensaríamos exactamente lo mismo, por supuesto. Pero hay una cosa importante, mucho, que aquí tenemos muy clara y que debemos llevar hasta sus últimas consecuencias, aunque ello conlleve seguir pasando vergüenza y quitarnos años de vida con cada temporada.
El Valencia, como club, y su entorno, su afición, su gente, su corazón y sus pulmones, deben sobrevivir a Lim, deben aguantar hasta que se cierra la venta del club, han de mantenerlo todo en pie, seguir llenando Mestalla cada partido y apoyando al equipo donde sea que juegue.
El gran reto es ese, la gran prueba es esa, y es en lo que tenemos que aplicar todo nuestro de pertenencia, porque sin él va a ser mucho más duro, si es que eso es posible, que no lo tengo nada claro. No quiero que el Valencia acabe bajando, porque ya lo pasé una vez, y eso no es algo que le desee a nadie, y que ahora mismo no tendría el mismo efecto que en 1986, que tampoco estaba nada claro en aquel entonces.
Pero por encima de todo, lo que debemos preservar es el club, y eso, desde luego, sí está en nuestras manos y en las de nadie más.